sábado, 4 de octubre de 2014

Otro intento a la Neuronium y accidente

Zona: Oliana
Longitud: 675 m
Grado: 6a(V+)
Equipamiento: bolts, espits y pitones. Reuniones rapelables.
Material: 12 cintas expres y juego de friends.
Aproximación: 1 hora
Fecha: 20.09.2014



Hay vías que se resisten, bien porque el reto a asumir supera nuestras propias capacidades, o porque una especie de mal fario se ha cernido sobre tu elección. En el caso de la Neuronium al Tossal del Coscollet se trata más bien de lo segundo. Su longitud no es superior a muchas de las vías que he hecho este mismo año, el grado es más bien amable, el equipamiento es bastante bueno, y la roca aceptable.

Ya hace un par de años la intenté con Juan Lazo, pero un enorme buitre casi me arranca el cuero cabelludo, y entre embarques y quejas de mi compañero por la calidad de la roca, decidimos bajarnos. Esta vez vengo con Eduard Martínez, con quien he compartido esquí de montaña, pero no hemos escalado nunca juntos.

Aunque nos levantamos temprano, esta vez no hemos dormido en la cima del Tossal, y toca hacer la pista de 15 km, después bajar la canal y hacer los tres rápeles hasta el pie de la montaña. El inicio de vía cuesta de ver y aunque ya he estado tardamos algo en encontrarlo.

Vamos tarde, y empezamos la escalada a las 10:30 h. Recuerdo perfectamente los tres primeros largos.  Eduard, al igual que yo en mi anterior intento, empalma el primero y el segundo sin problemas.

En el tercer largo hay un inicio algo difícil, que en la reseña le dan A0. Pero de eso nada, imposible llegar al otro bolt ni con pedal. Yo ya me conozco el paso, y hago una pequeña travesía a izquierda a buscar presas y subir luego directamente hacia al otro bolt. Sale un V+ bonito y atlético. Más arriba coser y cantar, y subo confiado sin apenas poner seguros.

Últimamente mi confianza es elevada, y cuando el terreno es fácil prefiero subir rápido y equipar lo imprescindible. Cuando llego a la R veo la excursión de más de 10 m que he hecho. En ese momento recuerdo unas palabras que me comentó el maestro Antonio G.Picazo, con quien tuve el placer de compartir una escalada en la cara Sur de Montserrat. “Sigo vivo porque equipo aunque no sea necesario”. Habría que hacerle más caso, pienso.
El siguiente largo ya es terra ignota y lo abre Eduard en roca delicada de IV+, para montar R al lado de un árbol.
Eduard me comenta, con razón, que vamos justos de tiempo. Habrá que darse prisa. Según la reseña que llevamos el siguiente largo, de V/V+, sale recto, pero veo un bolt en travesía descarada a la izquierda, y hacia allá voy. Luego otro bolt aún más a la izquierda. Qué raro. Será otra vía ?. Destrepo y echo un vistazo por la derecha, pero no veo ningún seguro. Así que vuelvo a destrepar y sigo el itinerario inicial.
Los minutos vuelan. Ahora viene un paso de V+ curioso, pero … qué narices, lo acero y escalo la última parte de IV+, desprovista de seguros. Para ahorrar tiempo voy rápido y no pongo nada, hasta que llego a la R5. Aquí mis recuerdos son confusos. Y bien porque antes de poner la baga de anclaje me desequilibro o bien por una maniobra equivocada, noto con horror que caigo hacia atrás. Con pánico extremo intento coger la anilla de la reunión con uno de mis dedos, sin éxito. Acto seguido veo pasar la pared a toda velocidad. Un vacío en mi memoria. La sacudida ha debido de ser terrible. Mínimo 20 metros de caída. Colgado de la cuerda, noto un fortísimo dolor en las cervicales y en la espalda. La cabeza me da vueltas. Quiero bajar a la reunión. Eduard me comenta que he perdido unos minutos el conocimiento. Poco a poco me descuelga y recupero algo de material. Pero el último trozo de travesía me lo tengo que currar y con los brazos me agarro a la cuerda hasta que llego a mi compañero. Le ruego que llame al 112. “Pero Jose, si hacemos 4 rápeles estamos abajo y allí el rescate será muy fácil”. “Imposible Eduard, no estoy en condiciones de bajar”. Mientras llega el rescate me quito los pies de gato y me pongo el gore, pues empiezo a temblar de forma incontrolada. Ya oímos el helicóptero de los GRAE, hacia las 13:00 h. Dejan un rescatador,  que me inmoviliza, y más tarde el helicóptero me saca con un torno.


 
Entre los rescatadores está Miquel Blanco, el autor del libro de escaladas del Alt Urgell, con quien comentamos el accidente. Pocos minutos más tarde me depositan en la carretera, donde me espera una ambulancia medicalizada y el personal médico me hace una primera revisión. Noto con dolor como unas tijeras destripan mi goretex Haglofs nuevo, mi camiseta y el arnés. 





En media hora ya estoy en Lleida y me ingresan en el hospital Arnau de Vilanova. Vuelvo a comentar que me duelen muchísimo las cervicales. Toda la tarde es un vaivén en la camilla de los rayos X al TAC, y de ahí a otros exámenes. Un fuerte tranquilizante hace que un velo de irrealidad se pose sobre mi conciencia. Al fin, ya de noche, me confirman la fractura del hueso occipital del cráneo y posiblemente alguna vértebra dañada. Estoy vivo de milagro. En estos tres días Alba me acompaña en este purgatorio lleno de luces y enfermeras. Al cabo de cuatro días me trasladan en helicóptero a la Teknon de Bacelona, donde me ponen el collarín definitivo. Serán 40 días y 40 noches con una coraza que oprime no solo mi cabeza, sino mis ansias de escalar y de montaña. Y luego la lenta recuperación.

Ya en mi casa, todo el mundo estos días me pregunta si lo voy a dejar y que si esto no habrá sido más que un aviso. Entonces sonrío y evoco una frase en un libro que leí y cuyo autor ahora no recuerdo:

“El montañero escala no porque no tenga miedo a la muerte, sino precisamente porque ama la vida “.


Quiero dar las gracias al personal del GRAE por el rescate jugándose el pellejo, y al personal sanitario del Arnau de Vilanova de Lleida y de la Quirón-Teknon de Barcelona por aguantarme.

Ah! ...y a Xavi Mountain por dedicarme esta viñeta!..


Un abrazo a tod@s,
      Jose