Macizo: Écrins (Saint-Christophe-en-Oisans)
Altitud: 3.442 m
Dificultad: PD, escalada 3b/3c máx.
Desarrollo: ~250 m de escalada
Desnivel total (desde La Bérarde): ~1.730 m
Aproximación al pie de la arista: ~3 h desde el Châtelleret
Duración total (2 días): 10-12 h
Roca: granito
Material: usamos un pequeño juego de friends, anillas para enlazar bloques, y una cuerda simple de 40 m, además de piolet y crampones.
Altitud: 3.442 m
Dificultad: PD, escalada 3b/3c máx.
Desarrollo: ~250 m de escalada
Desnivel total (desde La Bérarde): ~1.730 m
Aproximación al pie de la arista: ~3 h desde el Châtelleret
Duración total (2 días): 10-12 h
Roca: granito
Material: usamos un pequeño juego de friends, anillas para enlazar bloques, y una cuerda simple de 40 m, además de piolet y crampones.
Aproximación
Desde el refugio del
Châtelleret, remontar el sendero hacia el Col du Replat (sendero hasta los
depósitos glaciares del Replat) y luego atravesar hacia el glaciar (nevero) que
sube al Col du Replat (entre las dos puntas). Desviarse progresivamente hacia la
derecha para llegar al pie de la arista SE (vista del Râteau E).
Écrins, agosto 2018
La Tête Nord du Replat se alza sobre el valle del Vénéon, frente a la imponente Meije, y es probablemente uno de los objetivos de escalada más asequibles de la zona del refugio du Châtelleret. Su arista sureste, en granito rugoso y de trato honesto, combina tramos de trepada sencilla con tres o cuatro largos de escalada en roca sólida — una vía modesta en dificultad pero generosa en ambiente. Grado global PD, con pasos de hasta 3b/3c; unos 250 metros de escalada tras una aproximación de unas 3 horas desde el refugio.
En agosto de 2018 fuimos a Ailefroide (Écrins) para ascenderla con mi hermano Alberto. La primera actividad que hicimos fue la el Mont Pelvoux, subiendo por el corredor Coolidge y bajando por el laberíntico glaciar de las Violetas.
Bajamos unos 300 metros y reorientamos la jornada hacia la Tête Nord du Replat, a su arista sureste — una alternativa más discreta, pero con su propio encanto.
La arista resultó ser una escalada agradecida: roca completamente seca, dificultad asequible (II y algunos tramos de III), de esas que se disfrutan sin sufrir en ningún momento en el ensamble. Cerca de la cima aparecen algunos pitones, testigos de que otros han pasado por ahí antes marcando el camino.
Donde la jornada se complicó de verdad fue en el descenso. En vez de seguir la ruta normal, nos equivocamos de itinerario y acabamos destrepando, con algún descuelgue incluido, por la vertiente este.
Lo que debería haber sido una bajada de 35 minutos se convirtió en más de 3 horas de destrepe, teniendo que realizar un último rapel en la arist sur ya casi en el Col du Replat — un buen recordatorio de que en montaña el descenso merece tanto respeto como la propia ascensión.
Un abrazo a tod@s,
Jose
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